¿El favor de quién buscamos?

20
Mar

Uno de los grandes conflictos que experimentan muchos cristianos es la falta de un compromiso total con el Señor. Somos sal y luz, dos elementos naturales puros que no pueden ser adulterados, la luz disipa las tinieblas y la sal da sabor y conserva; no hay media luz ni media sal, o son o no son, así de sencillo. Digo esto, porque continuamente vemos que muchos creyentes mediatizan su comportamiento cristiano al qué dirán, dándole más valor a lo que los hombres dicen que a aquello que el Señor dice u opina de nosotros.

Pablo escribió: «Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gálatas 1:10). Él deja en claro el firme compromiso con Dios primero que con los hombres, sean estos quienes sean, inclusive nuestros familiares y personas de nuestro círculo más íntimo; Jesús asegura que «los enemigos del hombre serán los de su casa» (Mateo 10:36); ello muestra cuál debe ser nuestra postura. Si alguien le aleja, pervierte u obstruye su caminar con el Señor es su enemigo o es instrumento del enemigo en su contra.

Entendamos que lo primordial es buscar el favor de Dios, si en verdad somos sus hijos, pues agradar a los hombres por encima de la voluntad del Señor nos convierte en sus enemigos; «¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» (Santiago 4:4). El Señor es tan radical en esto que dice: «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí» (Mateo 10:37-38). Ame a su familia y amigos, pero NUNCA por encima de Dios, busque primero el favor del Señor y agrádele a Él, así será de bendición para los demás. No invierta los papeles.